Cuando digo que me gusta mirarla, quizás más bien me refiero a que me gusta intentar descubrirla, recorrerla con las pupilas para finalmente darme cuenta que jamás podré descifrarla y confirmar simplemente que me encanta.
Verla sonreír es como subir por instantes a una nube y dar un paseo. Hace falta un poco más que valor para resistir las ganas de besarla, y no quiero sonar insistente pero mirarla es increíble, verla a los ojos es como presenciar el fuego arder en una noche helada.
Ella es un salto al vacío, una caída libre, pero una en la que no siento temor porque la abrazo y quisiera quedarme en ella por siempre.
Cuando la beso siento que todo es posible, que rompemos las barreras del tiempo y del espacio.
Mi corazón va más rápido que la luz o el sonido, y ya no hay más, sólo puedo sonreír, medio en sus labios, medio en los míos, medio acá, medio allá.
Mi corazón va más rápido que la luz o el sonido, y ya no hay más, sólo puedo sonreír, medio en sus labios, medio en los míos, medio acá, medio allá.
Tiene la piel tan suave que al tocarla siento que me acaricia a mí. Me gusta pensar que su cuello es mi segundo hogar.
Su voz es como mi canción favorita y no miento, nunca me cansaría de escucharla, cuando pronuncia mi nombre me da vida. En definitiva, ella es poder soñar con los ojos abiertos, ella es mis ganas de soñar.