viernes, 12 de agosto de 2016

Por si les quedaron ganas de marchar.



¿Qué pensaría si le digo que usted marchó en contra de la persona de esta imagen? Y no sólo de ella, sino de cientos, y miles de niños, niñas, jóvenes y adultos en el mundo entero que no han hecho absolutamente nada para vivir cada día este infierno.

No sé exactamente cuándo me tomaron esta foto, sin embargo, cómo me habría gustado que a mi colegio hubiese llegado alguna vez aquella cartilla de la que hoy tantos colombianos se quejan.
Probablemente me hubiese ahorrado muchas lágrimas en las noches durante años y preguntas de ¿por qué me sentía así? ¿acaso Dios me quería menos a mí? ¿por qué mis amigos no se sentían igual? ¿o quizás sí?
O tan solo cuando por fin empecé a aceptarme a mí misma no habría tenido que sentir las miradas de desaprobación de otras personas de mi edad cuando les contaba la verdad.

Hoy, muchos años después me pregunto ¿Cómo se vive con la tristeza de haber nacido en un país tan pobre como el nuestro? Donde prevalecen los intereses políticos y religiosos por encima de la dignidad humana.

¿Cómo es posible que ante una situación tan preocupante en miles de aspectos, sólo sea posible unir a nuestra gente para protestar en contra del respeto, de la igualdad y seguir promoviendo el odio? Y peor aún, el odio en las nuevas generaciones.

No puedo describir esta sensación con otro nombre diferente a tristeza y un tanto de dolor.

Tal vez como todos estos días han pedido muchos padres, incluso personas de mi propia familia; los homosexuales deberían estar muertos, en el exilio por acabar con los valores de su adorada y perfecta suciedad, perdón, "sociedad".
Que en los colegios, universidades y trabajos se les nieguen todo tipo de oportunidades porque son un potente peligro para quienes les rodean, por enfermos, anormales, satánicos y alienígenas.

¿En serio estamos tan mal como para creer que la comunidad gay es un grupo terrorista dedicado al sexo y la perversión?

Qué gracioso, quizás usted no lo sabe pero su medico de cabecera, su jefe, su escritor favorito, la señora que le vendió los cigarrillos en la mañana, el presidente de la empresa en que trabaja, su propio hijo, o hermano, es homosexual. Esas personas que conoce de toda la vida, personas honestas, trabajadoras y luchadoras, ¿las querría menos sólo por enterarse de quiénes se enamoraron?

Durante 19 años he vivido con miedo, miedo de qué pensarían mis padres, mis tíos, primos, abuelos y amigos cuando lo supieran todo, pidiéndole cada noche a Dios (quizás uno muy diferente al de ustedes, ese al que tienen para reflejar todo lo que nunca serán)
Que me de suficiente fuerza para seguir y sabiduría para entender por qué pasan estas cosas.

No fue ninguna cartilla, ni culpa de nadie, crecí en una familia con un padre y una madre que me dieron los mejores regalos, principios y valores tan firmes como una roca, no merezco menos respeto que usted que me lee, no tengo por qué negarme la oportunidad de enamorarme, de cansarme de tener una doble vida, de morirme de ganas de tomar de la mano en la calle a la persona que quiero por miedo a ser violentada, ni ser testigo al evantarme cada mañana del circo en en el que han convertido mi país.

No por ser gay soy más que usted, persona heterosexual, que decide marchar para que personas como yo, no tengamos derecho a ser respetados y tolerados, mientras aplaude y abandera causas promovidas por la misma iglesia que ha abusado por siglos de niños y niñas, ha sido la causa de la guerra más sangrienta en todo el mundo y sigue inculcando valores de los que ni sus propias cabezas dan ejemplo.

Lo invito a que lea y se informe, deje de ver novelas cinco minutos, investigue a fondo que es lo que se le quiere enseñar a sus hijos.

Que uno no decide volverse guerrillero por leer del conflicto armado del país, mucho menos ser homosexual por informarse que hay diferentes orientaciones, ¿o es que a alguien le cambia el color de la piel por leer sobre otras culturas?

Eso sí, ojalá pudiéramos hacer una cartilla sobre compresión lectora, a ver si salimos de tanta ignorancia que nos tiene jodidos.