Aquella calurosa tarde hundimos nuestras cabezas entre la fina hierba del césped, los rayos del sol contorneaban tu silueta multicolor a mi costado y vos sólo sonreías como si por aquella pequeña eternidad no fuese posible la existencia en el mundo de algo diferente a nuestras miradas fundiéndose la una en la otra mientras las nubes bailoteaban silenciosa y enérgicamente sobre nuestros cuerpos.
Podía escuchar mi corazón dando un, dos, tres golpecillos eufóricos en un intento de llegar a tu pecho. De repente te giraste y suspiraste, me pediste que me describiera en una sola palabra, sólo se me ocurrió decirte – Como el cielo “azulado”- y tras una pequeña pausa me miraste confundida esperando una explicación, así que te dije que "A-zu- lado", era la única forma de describirme, de encontrarme, de liberarme, de hacerme inmune a la nauseabunda vida, y en el fondo era la verdad más sincera de todas, vos eras mi manera más simple y compleja de ser y dejar de ser. con la rapidez fulminante de un parpadeo, fuiste mi salto al vacío en una cumbre llena de sueños y temores que me arrinconaban el alma, congelaste mis lagrimas para esculpir el mejor paisaje de todos, y sólo lo descongelaste cuando quisiste un río para que pudiésemos escapar lo suficientemente lejos de todo y todos en una pequeña barquita hecha con las viejas hojas de los poemas que te escribía en secreto.
Entonces tomaste mi mano con firmeza y no pude evitar cerrar los ojos, perderme en esa calma profunda que te exilia del tiempo y el espacio, no supe cuantos suspiros pasaron antes de recobrarme, abrí mis ojos de nuevo y encontré tus pupilas extasiadas, ancladas en mi, y vos seguías sonriendo imperturbable, con los labios enrojecidos como dos rosas y los cabellos alborotados como aquellas ramas de los arbustos y el viento tejiendo nuestros pensamientos al compas de nuestras miradas…
Ahora después de tanto tiempo, después de tantos olvidos y tantas letras que se niegan a abandonarte, estoy acá medio loco y roto, recordando que aunque vos ya no estás, por aquel pequeño instante fuimos infinitos.
Podía escuchar mi corazón dando un, dos, tres golpecillos eufóricos en un intento de llegar a tu pecho. De repente te giraste y suspiraste, me pediste que me describiera en una sola palabra, sólo se me ocurrió decirte – Como el cielo “azulado”- y tras una pequeña pausa me miraste confundida esperando una explicación, así que te dije que "A-zu- lado", era la única forma de describirme, de encontrarme, de liberarme, de hacerme inmune a la nauseabunda vida, y en el fondo era la verdad más sincera de todas, vos eras mi manera más simple y compleja de ser y dejar de ser. con la rapidez fulminante de un parpadeo, fuiste mi salto al vacío en una cumbre llena de sueños y temores que me arrinconaban el alma, congelaste mis lagrimas para esculpir el mejor paisaje de todos, y sólo lo descongelaste cuando quisiste un río para que pudiésemos escapar lo suficientemente lejos de todo y todos en una pequeña barquita hecha con las viejas hojas de los poemas que te escribía en secreto.
Entonces tomaste mi mano con firmeza y no pude evitar cerrar los ojos, perderme en esa calma profunda que te exilia del tiempo y el espacio, no supe cuantos suspiros pasaron antes de recobrarme, abrí mis ojos de nuevo y encontré tus pupilas extasiadas, ancladas en mi, y vos seguías sonriendo imperturbable, con los labios enrojecidos como dos rosas y los cabellos alborotados como aquellas ramas de los arbustos y el viento tejiendo nuestros pensamientos al compas de nuestras miradas…
Ahora después de tanto tiempo, después de tantos olvidos y tantas letras que se niegan a abandonarte, estoy acá medio loco y roto, recordando que aunque vos ya no estás, por aquel pequeño instante fuimos infinitos.