A veces vivimos con tanto miedo al futuro que ni siquiera nos permitimos pensar en él, repetimos mil veces que jamás haríamos cierta cosa y nos encerramos en una idea, en una realidad estática, aburrida, sin emoción.
Al final cuando menos lo esperamos aparece alguien que rompe todos nuestros esquemas, alguien que nos devuelve las ganas de creer, de vivir, de llenar páginas enteras con escritos, y las tazas con café, con ganas de soñar despiertos y está bien, increíblemente bien, es eso lo que me pasó, de repente empecé a pensar en plural, a ver el mundo con otros ojos, con sus ojos, empecé a caminar despacio, pero de su mano, a sentir los días más amables y me fijé que el afán sólo me hizo olvidar los detalles que verdaderamente importaban.Las cosas cotidianas que siempre me parecieron extrañas empezaron a tomar sentido: las empalagosas parejas y lo patéticas que me resultaban cuando no podían colgar, sus conversaciones largas, los regalos románticos, los planes a futuro, las relaciones estables, hasta los sentimientos prematuros.
Empecé a creer en los 'siempre' y ver diferente los 'nunca', perdí el miedo a decir 'te amo', a sentir que quería más de lo que debía, empecé planear a su lado lo que jure jamás querer hacer con nadie. Sin buscarlo todo lo que nunca creí para mí, empezó a encajar, a colarse por mi piel con sus caricias, por mis labios con sus besos y por mis pupilas con su mirada.
Entonces me di cuenta que no quería alguien que me desordenara la vida, para eso bastaba conmigo misma, necesitaba alguien con quien poder tener un norte y caminar hacia él, alguien con quien vivir sin miedo y permitirme pensar a futuro, mejor aún, en nuestro futuro.
