No sé cómo decirte adiós.
Porque nunca supe de qué tratan las despedidas, hasta hoy, que tuve algo que perder.
No sé cómo decirte adiós porque estoy ocupada despidiendo mi vida, los sueños que construí entre tus pestañas, esos que hoy se van detrás de tu sonrisa.
No sé cómo decirte adiós porque los muertos no hablan y yo ya no tengo voz.
No sé cómo decirte adiós amor, porque fuiste mi felicidad, y uno sólo sabe que fue feliz ahora, cuando está muerto de tristeza, muerto de soledad, y sólo le quedan los recuerdos.
No sé cómo decirte adiós cuando se marchitaron antes de tiempo y en mis manos las flores que tenía para darte y ahora sólo tengo cenizas.
No sé cómo decirte adiós porque en mi abecedario no quedaron más que las letras incompletas, pendientes esperando las charlas que no tendremos nunca más.
No sé cómo decirte adiós porque el reloj sólo marca la hora de tu partida, de nuestra partida, y las agujas se volvieron cuchillas.
No sé cómo decirte adiós porque ya no puedo tomar un avión que me aleje más de ti, ni estás ahí para pedirme que regrese.
Y mi cabeza ya no encuentra mis pies y estoy en el rincón de una habitación tan oscura que mis ojos tampoco encuentran la salida, y yo no quiero salir para ver que ya no estás.
No sé cómo decirte adiós porque estoy en una ciudad inmensa y vacía, sin ti, sin mí.
Y no sé cómo coño decirte adiós, cuando para ti fue tan fácil decírmelo a mí.