No sé cómo decirte adiós.
Porque nunca supe de qué tratan las despedidas, hasta hoy, que tuve algo que perder.
No sé cómo decirte adiós porque estoy ocupada despidiendo mi vida, los sueños que construí entre tus pestañas, esos que hoy se van detrás de tu sonrisa.
No sé cómo decirte adiós porque los muertos no hablan y yo ya no tengo voz.
No sé cómo decirte adiós amor, porque fuiste mi felicidad, y uno sólo sabe que fue feliz ahora, cuando está muerto de tristeza, muerto de soledad, y sólo le quedan los recuerdos.
No sé cómo decirte adiós cuando se marchitaron antes de tiempo y en mis manos las flores que tenía para darte y ahora sólo tengo cenizas.
No sé cómo decirte adiós porque en mi abecedario no quedaron más que las letras incompletas, pendientes esperando las charlas que no tendremos nunca más.
No sé cómo decirte adiós porque el reloj sólo marca la hora de tu partida, de nuestra partida, y las agujas se volvieron cuchillas.
No sé cómo decirte adiós porque ya no puedo tomar un avión que me aleje más de ti, ni estás ahí para pedirme que regrese.
Y mi cabeza ya no encuentra mis pies y estoy en el rincón de una habitación tan oscura que mis ojos tampoco encuentran la salida, y yo no quiero salir para ver que ya no estás.
No sé cómo decirte adiós porque estoy en una ciudad inmensa y vacía, sin ti, sin mí.
Y no sé cómo coño decirte adiós, cuando para ti fue tan fácil decírmelo a mí.
No soy buena con las palabras, por eso escribo. La hora cuando el mundo se colorea de ruido azul, en un mismo cenicero cenizas y realidad.
martes, 13 de junio de 2017
viernes, 31 de marzo de 2017
CAMBIOS
La palabra que todos conocemos, que nombramos en alguna
parte del día y que sin darnos cuenta, nos define cada minuto, porque
seguramente al finalizar este escrito me habré reinventado infinitas veces más,
y ustedes también.
Pero, ¿Qué es un cambio? Hagamos juntos el ejercicio y si
quieren comenten al final lo primero en lo que pensaron con la palabra “cambio”.
Por ejemplo a mí se me vino a la mente que un cambio es una especie de nacimiento,
claramente hay cambios pequeños y cambios grandes, pero todos aunque no lo
crean, igual de trascendentales.
Hace casi dos meses como sabrán, me mudé a otro país, así que
mi vida ha sido un tornado de cambios repentinos que no alcanzarán a imaginar,
a menos de que hayan pasado por la misma situación. Todo cambia de un día para
otro y a pesar de que uno intente prepararse, el golpe definitivamente sigue siendo
el mismo.
Estar en una nueva ciudad, una nueva cultura, con nuevas
personas, dejando a mi familia, mis amigos, y acabando mi relación de hace años,
realmente implicó empezar de cero, y cuando menos pensé estaba sola en la
terraza de mi nueva casa en Buenos Aires, fumándome un cigarrillo y pensando ¿qué
carajos había hecho?
Aunque todo a mi alrededor estaba cambiando, por dentro
seguía sintiendo que faltaba más, así que hace una semana decidí donar todo mi
cabello, sí, el cabello que había llevado muy largo, durante casi 20 años y de
verdad, lo pensé muchas veces, ¿estaba segura? La verdad no, pero creo que lo
más llamativo de los cambios, es que traen implícito el riesgo, el peligro y un
toque de duda, y eso mis amigos, eso me encanta.
Los cambios son buenos, son necesarios y todas las frases
clichés que nos repiten papá, mamá, amigos, pareja y hasta el perro. Pero es lo
que uno nunca entiende hasta que lo vive, lo siente y lo baila. Hasta que al
abrir los ojos una mañana es consciente y empieza a sentirse pleno no solo porque
se animó a hacer un cambio, sino porque hizo algo de lo que no se creía capaz,
por miedo, por presión, por bobo, o por toda esa falta de confianza que cultivamos
nosotros mismos y el resto de gente sigue regando.
Así que si hacen un cambio, como yo, o como muchos otros, siéntanse
orgullos, celébrenlo en cuquitos (o sin ellos), regálense una cerveza y sobre
todo disfrútenlo, porque hace falta coraje y valentía para darse ánimo uno
mismo y aunque todos digan que no, decir “Yo sí puedo”, pasar por encima de los
miedos y convertir una idea en un hecho.
Así que si quieren pintarse el cabello, cortárselo, cambiar
la cama de lugar, irse a otro país, dejar la economía porque lo que aman es la
música, dejar el azúcar, el cigarrillo, o sencillamente levantarse temprano a
correr porque quieren verse mejor, ¿Qué esperan? Los cambios grandes dependen
de los pequeños. ¡A CAMBIAR!
MUJER QUE AMA LAS MUJERES
Mujer de pestañas largas y sueños infinitos, de cabeza flotante y cabellos enredados.
Como cada mañana al despertar jugarás con tu desnudez en el espejo.
Después de un rato te mirarás fijamente a los ojos, como quien ve a su adversario, y te preguntarás quién eres, pasado un pequeño instante, responderás: una mujer, claro está, ¿Entonces de dónde tantas dudas? Y como un flashback empezarás a recordar, que desde niña odiaste las muñecas, y los vestidos.
Te gustaron siempre más las playeras de tus bandas favoritas, que las blusas con encaje.
Preferías los aviones y los carros, un libro de valientes guerreros que luchaban contra feroces bestias a la típica historia de la princesa encerrada en la torre, aunque a final de cuentas te sintieras como ellas, atrapada.
Sólo que tú, valiente doncella, jamás esperaste un principe ni mucho menos que te rescataran. Hubieses preferido mil veces antes hacerte amiga del temible dragón.
Y parecerá escuchar la voz de mamá, pidiéndote una y otra vez que actúes como una niña buena, que dejes de saltar charcos y jugar con la tierra.
Te declaraste enemiga de los tacones.
De vez en cuando haces tregua con el rimel.
Y aún así, aunque el mundo entero lo dude, estarás segura una vez más de que amas ser mujer, que quisieras ser madre, casarte, viajar, estudiar, una casa grande con perros, gatos, y una vida al lado de quien amas.
Te repetirás que eres una mujer,
¡UNA MUJER QUE AMA LAS MUJERES!
Sonreirás sin afán y decidirás como todos los días, que hoy tampoco pintarás tus labios con carmín intenso, te vestirás y finalmente te sumergirás en un mar de tráfico insoportable, leerás los titulares del diario mientras vas de camino a tu empleo, tendrás en mente las cuentas por pagar, la duda de lo qué pensarán de ti, tu madre, tu vecino, tu compañero del cubículo izquierdo en el trabajo, tu jefe y tu pareja, al final sólo llegarás a la conclusión de que no te importa. Hoy solo contará lo que pienses tú de ellos.
Suspirarás, y mientras tanto la bocina de algún auto hará pedazos el silencio sabrás que desde la pequeña y selecta ventana sólo tú y todo el que piense tal vez como tú, tiene la vista panorámica de este pequeño zoológico de concreto.
Como cada mañana al despertar jugarás con tu desnudez en el espejo.
Después de un rato te mirarás fijamente a los ojos, como quien ve a su adversario, y te preguntarás quién eres, pasado un pequeño instante, responderás: una mujer, claro está, ¿Entonces de dónde tantas dudas? Y como un flashback empezarás a recordar, que desde niña odiaste las muñecas, y los vestidos.
Te gustaron siempre más las playeras de tus bandas favoritas, que las blusas con encaje.
Preferías los aviones y los carros, un libro de valientes guerreros que luchaban contra feroces bestias a la típica historia de la princesa encerrada en la torre, aunque a final de cuentas te sintieras como ellas, atrapada.
Sólo que tú, valiente doncella, jamás esperaste un principe ni mucho menos que te rescataran. Hubieses preferido mil veces antes hacerte amiga del temible dragón.
Y parecerá escuchar la voz de mamá, pidiéndote una y otra vez que actúes como una niña buena, que dejes de saltar charcos y jugar con la tierra.
Te declaraste enemiga de los tacones.
De vez en cuando haces tregua con el rimel.
Y aún así, aunque el mundo entero lo dude, estarás segura una vez más de que amas ser mujer, que quisieras ser madre, casarte, viajar, estudiar, una casa grande con perros, gatos, y una vida al lado de quien amas.
Te repetirás que eres una mujer,
¡UNA MUJER QUE AMA LAS MUJERES!
Sonreirás sin afán y decidirás como todos los días, que hoy tampoco pintarás tus labios con carmín intenso, te vestirás y finalmente te sumergirás en un mar de tráfico insoportable, leerás los titulares del diario mientras vas de camino a tu empleo, tendrás en mente las cuentas por pagar, la duda de lo qué pensarán de ti, tu madre, tu vecino, tu compañero del cubículo izquierdo en el trabajo, tu jefe y tu pareja, al final sólo llegarás a la conclusión de que no te importa. Hoy solo contará lo que pienses tú de ellos.
Suspirarás, y mientras tanto la bocina de algún auto hará pedazos el silencio sabrás que desde la pequeña y selecta ventana sólo tú y todo el que piense tal vez como tú, tiene la vista panorámica de este pequeño zoológico de concreto.
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