viernes, 31 de marzo de 2017

CAMBIOS

La palabra que todos conocemos, que nombramos en alguna parte del día y que sin darnos cuenta, nos define cada minuto, porque seguramente al finalizar este escrito me habré reinventado infinitas veces más, y ustedes también.
Pero, ¿Qué es un cambio? Hagamos juntos el ejercicio y si quieren comenten al final lo primero en lo que pensaron con la palabra “cambio”. Por ejemplo a mí se me vino a la mente que un cambio es una especie de nacimiento, claramente hay cambios pequeños y cambios grandes, pero todos aunque no lo crean, igual de trascendentales.
Hace casi dos meses como sabrán, me mudé a otro país, así que mi vida ha sido un tornado de cambios repentinos que no alcanzarán a imaginar, a menos de que hayan pasado por la misma situación. Todo cambia de un día para otro y a pesar de que uno intente prepararse, el golpe definitivamente sigue siendo el mismo.
Estar en una nueva ciudad, una nueva cultura, con nuevas personas, dejando a mi familia, mis amigos, y acabando mi relación de hace años, realmente implicó empezar de cero, y cuando menos pensé estaba sola en la terraza de mi nueva casa en Buenos Aires, fumándome un cigarrillo y pensando ¿qué carajos había hecho?
Aunque todo a mi alrededor estaba cambiando, por dentro seguía sintiendo que faltaba más, así que hace una semana decidí donar todo mi cabello, sí, el cabello que había llevado muy largo, durante casi 20 años y de verdad, lo pensé muchas veces, ¿estaba segura? La verdad no, pero creo que lo más llamativo de los cambios, es que traen implícito el riesgo, el peligro y un toque de duda, y eso mis amigos, eso me encanta.
Los cambios son buenos, son necesarios y todas las frases clichés que nos repiten papá, mamá, amigos, pareja y hasta el perro. Pero es lo que uno nunca entiende hasta que lo vive, lo siente y lo baila. Hasta que al abrir los ojos una mañana es consciente y empieza a sentirse pleno no solo porque se animó a hacer un cambio, sino porque hizo algo de lo que no se creía capaz, por miedo, por presión, por bobo, o por toda esa falta de confianza que cultivamos nosotros mismos y el resto de gente sigue regando.
Así que si hacen un cambio, como yo, o como muchos otros, siéntanse orgullos, celébrenlo en cuquitos (o sin ellos), regálense una cerveza y sobre todo disfrútenlo, porque hace falta coraje y valentía para darse ánimo uno mismo y aunque todos digan que no, decir “Yo sí puedo”, pasar por encima de los miedos y convertir una idea en un hecho.

Así que si quieren pintarse el cabello, cortárselo, cambiar la cama de lugar, irse a otro país, dejar la economía porque lo que aman es la música, dejar el azúcar, el cigarrillo, o sencillamente levantarse temprano a correr porque quieren verse mejor, ¿Qué esperan? Los cambios grandes dependen de los pequeños. ¡A CAMBIAR!

MUJER QUE AMA LAS MUJERES

Mujer de pestañas largas y sueños infinitos, de cabeza flotante y cabellos enredados.
Como cada mañana al despertar jugarás con tu desnudez en el espejo.
Después de un rato te mirarás fijamente a los ojos, como quien ve a su adversario, y te preguntarás quién eres, pasado un pequeño instante, responderás: una mujer, claro está, ¿Entonces de dónde tantas dudas? Y como un flashback empezarás a recordar, que desde niña odiaste las muñecas, y los vestidos.
Te gustaron siempre más las playeras de tus bandas favoritas, que las blusas con encaje.
Preferías los aviones y los carros, un libro de valientes guerreros que luchaban contra feroces bestias a la típica historia de la princesa encerrada en la torre, aunque a final de cuentas te sintieras como ellas, atrapada.
Sólo que tú, valiente doncella, jamás esperaste un principe ni mucho menos que te rescataran. Hubieses  preferido mil veces antes hacerte amiga del temible dragón.
Y parecerá escuchar la voz de mamá, pidiéndote una y otra vez que actúes como una niña buena, que dejes de saltar charcos y jugar con la tierra.
Te declaraste enemiga de los tacones.
De vez en cuando haces tregua con el rimel.

Y aún así, aunque el mundo entero lo dude, estarás segura una vez más de que amas ser mujer, que quisieras ser madre, casarte, viajar, estudiar, una casa grande con perros, gatos, y una vida al lado de quien amas.

Te repetirás que eres una mujer,
¡UNA MUJER QUE AMA LAS MUJERES!

Sonreirás sin afán y decidirás como todos los días, que hoy tampoco pintarás tus labios con carmín intenso, te vestirás  y finalmente te sumergirás en un mar de tráfico insoportable, leerás los titulares del diario mientras vas de camino a tu empleo, tendrás en mente las cuentas por pagar, la duda de lo qué pensarán de ti, tu madre, tu vecino, tu compañero del cubículo izquierdo en el trabajo, tu jefe y tu pareja, al final sólo llegarás a la conclusión de que no te importa. Hoy solo contará lo que pienses tú de ellos.

Suspirarás, y mientras tanto la bocina de algún auto hará pedazos el silencio sabrás que desde la pequeña y selecta ventana sólo tú y todo el que piense tal vez como tú, tiene la vista panorámica de este pequeño zoológico de concreto.