viernes, 19 de septiembre de 2014

A la ausencia.

Le pienso, le olvido.
Le desvanezco en un suspiro.
Con ojos cansados y pasos desgastados.
Suena una canción que termina congelando la habitación.
La noche se hace eterna, la mañana lejana.
Las palabras se vuelven resbalosas, más dolorosas.
Yo me quedo y con un dedo escondo el recuerdo.
Ahora estoy un poco más ausente pero menos inerte.
No están sus manos, ni el refugio de los que soñamos.

lunes, 15 de septiembre de 2014

El primer amor.

Hace tanto tiempo no le veo que siento que estoy empezando a olvidar algunas de sus facciones, la felicidad que me producía estrecharle entre mis brazos, empiezo a olvidar su aroma, la suavidad de su piel, el color de sus ojos, el tono de su voz, sus labios.
Hace poco hemos hablado, intercambiado unas cuantas palabras, me ha dicho que se irá y algo que creí reparado hace mucho volvió a quebrarse en mí, sé que sin decirlo habíamos decidido alejarnos, borrarnos, dejar de herirnos, pero a decir verdad nunca supe como hacerlo, aprendí a vivir con su ausencia, me acostumbré a ella, el tiempo nunca me curó, sólo me distrajo, me dio nuevas cosas en qué pensar, nuevas oportunidades para sentir, pero no con la misma intensidad.
Como todo primer amor a su lado todo olía a hierba fresca, a lluvia en la noche, a parques con banquitas amarillas, verdes y rojas, a cartas llenas de plumones de colores, a chocolatinas Hershey's, a rosas rojas, a felicidad, a lágrimas nocturnas y primeros pensamientos matinales.
El primer amor es una cicatriz que duele, que duele con un dolor bonito, que te recuerda el sentido real de la vida, el primer amor es la brecha que separa los besos que sanaban heridas y los besos que las causan, es el vacío en el vientre que remplaza la caída libre de una montaña rusa, el primer amor es perder el miedo a la oscuridad, perder el miedo a ahogarse y navegar en sus pupilas. 

domingo, 7 de septiembre de 2014

Entender.

Después de cierto tiempo intentando repararse se dió cuenta que no quería "alguien", que no importaría cuantas personas intententasen hacer todo lo que había soñado; escribirle, quererle, estar para su ser, tomar su mano o hacerle sonreír, fallarían porque sin duda nada vendría de quien lo espera.
Si no era la persona correcta todo habría sido en vano, empezaría a empalagarse de palabras adecuadas en labios incorrectos, de caricias cálidas en manos de hielo y de miradas dulces en cuerpos de sal. Esperaría ver caer hojas que tan sólo se secarían, terminaría por hartarse de tratar de sentir ... De sentir que le falta todo aquello que tendría en sus manos, y entendería que no se trata de QUÉ hagan sino de QUIÉN lo haga, porque finalmente lo que debería ser el cielo terminaría por convertirse en el más amargo  infierno.