martes, 15 de julio de 2014

La ciudad.

Son las cinco de la mañana de cualquier día que se les ocurra, la espesa bruma de las desilusiones colectivas puede vislumbrarse por toda la ciudad, otra riña infinita de los autos a cien afanes por hora, semáforos en rojo, conductores desesperados "velocidad máxima 60 km", y niños en la vía.
Una chica cualquiera en el auge de su adolescencia se prepara para su monótona rutina que podría ser el tema central de un standUp comedy .
Con ojeras de la noche casimadrugada de charla online cerca de otro planeta con el que cree ser el amor de su vida o por mucho de su semana abre los ojos y deja por mitad su larga discusión con la almohada, se levanta con cierta desgana y entra a la ducha para mojarse con energías muertas de frío,  se viste como de costumbre con ese uniforme que siempre le ha parecido ciertamente patético, se prepara una taza de café y observa el humo danzar con melancolía frente a sus labios.
Al fin sale de casa con la mochila en los hombros y sus audífonos bien puestos, se lanza a la jungla de smog, inhala polución, exhala agonía, semáforo en verde, el tiempo avanza con prisa, las calles parecen más un pequeño laberinto de sentimientos pasajeros, se dirige con rumbo a su destino  en busca de conocimiento ... tal vez hoy no aprenda las clases de verbos o de reinos anímales pero si unas cuantas clases de drogas o como escapar de casa sin ser sorprendida.
Toma sus clases como de costumbre, con el cuerpo en el pupitre, las pupilas en la pizarra y la mente en alguna constelación que está más cerca de sus sueños que de la realidad, intenta no mirar el reloj porque cree que así el tiempo pasara un poco más rápido, parece más un esqueleto con movimiento que una estudiante de último grado.
Mientras afuera los  transeúntes llevan los sueños resbalando por las puntas de los dedos, está lloviendo y  sus cabellos mojados parecen victimarios de las nubes que se lamentan sin que alguien pueda notarlo, intentan respirar algo diferente que el aire contaminado por los carros, las personas y la publicidad, quisieran sonreírse, pero en el fondo saben que están jodidos, profundamente jodidos...

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