domingo, 10 de agosto de 2014

PÁGINAS EN BLANCO.



Era una tarde lluviosa y nublada, Samuel acababa de ser diagnosticado con una extraña enfermedad que no tenía cura, los médicos dijeron que su esperanza de vida era corta, así que iba sin prisa alguna y hecho pedazos, sólo esperaba que la lluvia empezara a caer gota a gota sobre él, así que se detuvo en un parque en el que encontró sobre una banca un pequeño libro, se sentó junto a el y empezó a ojearlo, al parecer era muy antiguo pero aún se mantenía muy bien conservado, miró a su alrededor buscando un posible propietario pero todo estaba desierto. Sólo estaban allí aquel libro y él compartiendo la placida soledad del lugar,  así que lo tomó entre sus manos y de repente como una corriente por todo su cuerpo sintió un profundo deseo de perderse en cada una de sus letras, en cada una de sus palabras, en cada una de sus líneas, esas que representan las venas impregnadas de ilusión y pasión de un autor hasta el momento desconocido.
 Lo abrió cuidadosamente y al voltear la portada se llevó la gran sorpresa de que todas sus páginas se hallaban aún en blanco, sorprendido las miró detenidamente, vírgenes y puras sin haber sido exploradas, transformadas  y adornadas con maravillosas historias que les darían “Vida”, eso que a él se le estaba esfumando sin poder hacer nada, pensó desconsolado.
Era sin duda una analogía perfecta con el lienzo de un  pintor, un paisaje para un fotógrafo o el instrumento de un músico; fue entonces cuando empezó a olvidar por un momento todos sus problemas y nació en él la fuerte necesidad de dejar flotar su pensamientos más profundos y sinceros en aquellas páginas que pedían a gritos ser penetradas con letras cargadas de sentimientos que habían permanecido encarcelados en los lugares más oscuros y fríos del alma a la espera de una luz que los ayudase a salir.
Había perdido la noción del tiempo, la noche ya había empezado a caer, así que tomo el libro y lo introdujo en su abrigo como una madre que protege a su hijo y partió hacia su casa.
Desde ese momento aquel libro se convirtió en su consuelo, su mayor confidente, su mejor amigo, su refugio, su tranquilidad y su locura.
Escribir fue desde entonces su razón para seguir viviendo, soñaba con el, vivía para él, sentía que aquel libro llenaba su vida que estaba tan vacía, tan solitaria y tan triste, por meses enteros escribió, aunque cada vez su salud decayera más, se dedicó a viajar y llevaba aquel libro a todo lugar.
 En las noches al irse a la cama sin saber como, soñaba con lo que iba a escribir en su libro y al levantarse lo primero que hacía era sentarse a escribir sus descabellados sueños. Cada paisaje hermoso que veía, cada amanecer o cada anochecer lo inspiraban aún más, pasaba horas sentado con una taza de café y su libro, pensaba en María, su eterno amor a quien no había vuelto a ver desde hacía ya mucho tiempo, quería gritar, ir buscarla, romper en llanto, se sentía tan solo que sólo su libro podía reconfortarlo.
Decidió volver a casa, el libro estaba casi terminado, sintió por primera vez en mucho tiempo un halo de felicidad en lo más profundo de su ser, pero estaba en la fase final de su enfermedad, desplazarse cada vez se hizo más difícil, sufría fuertes temblores y en las noches la fiebre lo hacía delirar.
Una mañana se levantó decidido a terminar la última pagina, se arregló con su mejor vestido y dejó su hogar impecable, recogió su libro y su pluma y salió de casa, se dirigió a aquel parque en donde hacía unos meses atrás había encontrado el libro, se sentó en la banca lo terminó.
Lleno de satisfacción estrecho el libro contra su pecho y dejó escapar una lágrima, se quedó allí observando el atardecer, cerró los ojos y sin darse cuenta dio su último respiro, se embarcó en su último viaje y por fin pudo ser absolutamente feliz.
Horas más tarde encontraron el cuerpo sin vida de Samuel y junto a él su libro, quisieron abrirlo para buscar una dirección o algo que les permitiera conocer su identidad pero al hacerlo se dieron cuenta que las paginas se hallaban en blanco, desconcertados y sin saber qué hacer llamaron a la policía para que recogieran el cadáver, pero al llegar sólo estaba el libro de páginas en blanco sobre la banca  y Samuel había desaparecido

Durante semanas hablaron de los hechos sin poderse dar una explicación, por el paso del tiempo el paradero del libro se hizo desconocido y nadie pudo descubrir los misterios que giraban en torno a el.

1 comentario:

  1. Me satisface mucho la rapidez con la que has actuado, aunque he observado que algunas palabras siguen igual. Un saludo.

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