domingo, 19 de octubre de 2014

Ojalá fuera otro día.

Es Domingo, muerte fija y momentánea de 24 horas, dormir hasta tarde sin soñar nada, no querer aceptar que amaneció, abrir los ojos con las pupilas lejanas, mirar al lado y saber que no estás, encender el estéreo y pedirle de rodillas a una canción que me sepulte entre sus notas.
Vaya presión en el pecho, te necesito y no lo digo. Preparo el café y al terminarlo lo detesto, me sabe a agonía, a lunes, peor aún, a domingo, y los domingos saben a resaca, a distancia, a mis ganas de que fuera otro día.
Abrir las cortinas y hacerme polvo los ojos, cenizas la sonrisa, cerrar el alma, querer vivir a oscuras, con miedo, pero contigo. Un suspiro, una carta sin entregar, se asoma una lágrima y sin darme cuenta un grito que se anuda en mi garganta. 
La arena no cae en el reloj, se la ha llevado el mar, ¡Ah sí! un mar de lágrimas, miro por la ventana, día radiante, no me lo creo, la habitación está hecha una tormenta, sé que llueve, lo podría jurar, las gotas ruedan por mis mejillas, por mis labios, se me escapan y caen tan fuerte que hacen hoyos en la alfombra, lluvia salada, ácida, solitaria, cuando vengas trae un paraguas.
No dejen que despierte un domingo, no dejen que despierte conmigo, no dejen que despierte sin ti.

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