La palabra que todos conocemos, que nombramos en alguna
parte del día y que sin darnos cuenta, nos define cada minuto, porque
seguramente al finalizar este escrito me habré reinventado infinitas veces más,
y ustedes también.
Pero, ¿Qué es un cambio? Hagamos juntos el ejercicio y si
quieren comenten al final lo primero en lo que pensaron con la palabra “cambio”.
Por ejemplo a mí se me vino a la mente que un cambio es una especie de nacimiento,
claramente hay cambios pequeños y cambios grandes, pero todos aunque no lo
crean, igual de trascendentales.
Hace casi dos meses como sabrán, me mudé a otro país, así que
mi vida ha sido un tornado de cambios repentinos que no alcanzarán a imaginar,
a menos de que hayan pasado por la misma situación. Todo cambia de un día para
otro y a pesar de que uno intente prepararse, el golpe definitivamente sigue siendo
el mismo.
Estar en una nueva ciudad, una nueva cultura, con nuevas
personas, dejando a mi familia, mis amigos, y acabando mi relación de hace años,
realmente implicó empezar de cero, y cuando menos pensé estaba sola en la
terraza de mi nueva casa en Buenos Aires, fumándome un cigarrillo y pensando ¿qué
carajos había hecho?
Aunque todo a mi alrededor estaba cambiando, por dentro
seguía sintiendo que faltaba más, así que hace una semana decidí donar todo mi
cabello, sí, el cabello que había llevado muy largo, durante casi 20 años y de
verdad, lo pensé muchas veces, ¿estaba segura? La verdad no, pero creo que lo
más llamativo de los cambios, es que traen implícito el riesgo, el peligro y un
toque de duda, y eso mis amigos, eso me encanta.
Los cambios son buenos, son necesarios y todas las frases
clichés que nos repiten papá, mamá, amigos, pareja y hasta el perro. Pero es lo
que uno nunca entiende hasta que lo vive, lo siente y lo baila. Hasta que al
abrir los ojos una mañana es consciente y empieza a sentirse pleno no solo porque
se animó a hacer un cambio, sino porque hizo algo de lo que no se creía capaz,
por miedo, por presión, por bobo, o por toda esa falta de confianza que cultivamos
nosotros mismos y el resto de gente sigue regando.
Así que si hacen un cambio, como yo, o como muchos otros, siéntanse
orgullos, celébrenlo en cuquitos (o sin ellos), regálense una cerveza y sobre
todo disfrútenlo, porque hace falta coraje y valentía para darse ánimo uno
mismo y aunque todos digan que no, decir “Yo sí puedo”, pasar por encima de los
miedos y convertir una idea en un hecho.
Así que si quieren pintarse el cabello, cortárselo, cambiar
la cama de lugar, irse a otro país, dejar la economía porque lo que aman es la
música, dejar el azúcar, el cigarrillo, o sencillamente levantarse temprano a
correr porque quieren verse mejor, ¿Qué esperan? Los cambios grandes dependen
de los pequeños. ¡A CAMBIAR!
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