lunes, 15 de septiembre de 2014

El primer amor.

Hace tanto tiempo no le veo que siento que estoy empezando a olvidar algunas de sus facciones, la felicidad que me producía estrecharle entre mis brazos, empiezo a olvidar su aroma, la suavidad de su piel, el color de sus ojos, el tono de su voz, sus labios.
Hace poco hemos hablado, intercambiado unas cuantas palabras, me ha dicho que se irá y algo que creí reparado hace mucho volvió a quebrarse en mí, sé que sin decirlo habíamos decidido alejarnos, borrarnos, dejar de herirnos, pero a decir verdad nunca supe como hacerlo, aprendí a vivir con su ausencia, me acostumbré a ella, el tiempo nunca me curó, sólo me distrajo, me dio nuevas cosas en qué pensar, nuevas oportunidades para sentir, pero no con la misma intensidad.
Como todo primer amor a su lado todo olía a hierba fresca, a lluvia en la noche, a parques con banquitas amarillas, verdes y rojas, a cartas llenas de plumones de colores, a chocolatinas Hershey's, a rosas rojas, a felicidad, a lágrimas nocturnas y primeros pensamientos matinales.
El primer amor es una cicatriz que duele, que duele con un dolor bonito, que te recuerda el sentido real de la vida, el primer amor es la brecha que separa los besos que sanaban heridas y los besos que las causan, es el vacío en el vientre que remplaza la caída libre de una montaña rusa, el primer amor es perder el miedo a la oscuridad, perder el miedo a ahogarse y navegar en sus pupilas. 

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