Después de cierto tiempo intentando repararse se dió cuenta que no quería "alguien", que no importaría cuantas personas intententasen hacer todo lo que había soñado; escribirle, quererle, estar para su ser, tomar su mano o hacerle sonreír, fallarían porque sin duda nada vendría de quien lo espera.
Si no era la persona correcta todo habría sido en vano, empezaría a empalagarse de palabras adecuadas en labios incorrectos, de caricias cálidas en manos de hielo y de miradas dulces en cuerpos de sal. Esperaría ver caer hojas que tan sólo se secarían, terminaría por hartarse de tratar de sentir ... De sentir que le falta todo aquello que tendría en sus manos, y entendería que no se trata de QUÉ hagan sino de QUIÉN lo haga, porque finalmente lo que debería ser el cielo terminaría por convertirse en el más amargo infierno.
No soy buena con las palabras, por eso escribo. La hora cuando el mundo se colorea de ruido azul, en un mismo cenicero cenizas y realidad.
domingo, 7 de septiembre de 2014
Entender.
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