Le pienso, le olvido.
Le desvanezco en un suspiro.
Con ojos cansados y pasos desgastados.
Suena una canción que termina congelando la habitación.
La noche se hace eterna, la mañana lejana.
Las palabras se vuelven resbalosas, más dolorosas.
Yo me quedo y con un dedo escondo el recuerdo.
Ahora estoy un poco más ausente pero menos inerte.
No están sus manos, ni el refugio de los que soñamos.
No soy buena con las palabras, por eso escribo. La hora cuando el mundo se colorea de ruido azul, en un mismo cenicero cenizas y realidad.
viernes, 19 de septiembre de 2014
A la ausencia.
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